martes, 8 de septiembre de 2015

El cerebro adolescente - Complejidad de sus rasgos

Foto: Carters News Agency
Rasgos como la pasión por el riesgo, la baja valoración de las consecuencias de sus actos, el bajo grado de atención que ponen en lo que hacen, la poca credibilidad que le dan a los consejos paternos, la continua trasgresión de límites, su enfoque hacia la recompensa inmediata, su reducida visión a largo plazo, etc. son los que caracterizan esta época del desarrollo.
Como continuación de nuestro post "El cerebro adolescente - ¿cómo funciona?", y con el objeto de alcanzar una mayor comprensión desde esta óptica, nos gustaría analizar la complejidad de estos rasgos que subyacen a los comportamientos que tan bien representan a la adolescencia.
Foto: Jimmy Chin
La atracción por el peligro es uno de ellos. A todos nos gustan las experiencias nuevas y excitantes pero nunca las valoraremos tanto como lo hicimos en la adolescencia. En esta época el adolescente va en busca de sensaciones, de una sacudida neuronal, y no es necesariamente una necesidad impulsiva. Aunque este rasgo puede acarrear ciertos comportamientos peligrosos, también cuenta con algunos aspectos positivos: la necesidad de conocer a gente nueva, por ejemplo, puede ampliar su círculo de amistades lo que suele convertirlos en personas más sanas, más felices, más seguras y más exitosas. Esta búsqueda de novedades proporciona experiencias útiles y la inspiración necesaria para "sacarle de casa" y explorar nuevas fronteras.
Quizás el rasgo más característico de esta época sea la asunción de riesgos, entre 15 y 25 años. La mayoría de adicciones y abuso de alcohol comienza en este período. Como ya hemos comentado, los adolescentes entre 14 y 17 años utilizan las mismas estrategias cognitivas que los adultos, razonan y solucionan problemas igual de bien y, al contrario del pensar popular, reconocen completamente el peligro al que se enfrentan; lo que ocurre es que la recompensa que esperan obtener es mucho más motivante y adquiere más peso que el riesgo que corren. Si la decisión de afrontar un riesgo la tienen que tomar cuando hay amigos alrededor, el riesgo que aceptará puede llegar a ser el doble. Este comportamiento realmente no proviene de un pensamiento débil sino a un mayor deseo de recompensa.
Foto: Sander Thomas
La búsqueda de novedades puede ser muy arriesgada en algunos casos, aunque esto también les ayuda a encontrar su camino.
Cuestionar las creencias paternas ayuda al adolescente a desarrollar sus propias opiniones lo que confiere un sentido de identidad.
Unos cuantos datos a nivel fisiológico, para comprender mejor estos comportamientos.:
Fisiológicamente la adolescencia es un momento álgido en cuanto a la sensibilidad del cerebro a la dopamina, un neurotransmisor que activa y dispara las áreas de recompensa y ayuda en el aprendizaje de patrones y en la toma de decisiones. Esto explicaría la rapidez con la que los adolescentes aprenden y su extraordinaria receptividad a la recompensa.
La oxitocina es otra gran protagonista, otra hormona neuronal que, entre otras funciones, hace que las conexiones sociales se vivan como una gran recompensa. En esta época los adolescentes prefieren la compañía de iguales más que en ningún otro momento de la vida y sus cerebros reaccionan ante la exclusión de manera muy similar a como lo harían si fuesen agredidos físicamente o les faltase comida. Percibe el rechazo social como una amenaza para su existencia y, en cierto modo, así podría ser.
Fomentar las relaciones sociales con iguales es una inversión a futuro, vivirán la mayor parte de sus futuro y prosperarán rodeados de iguales. De tal manera, conocer, comprender y fomentar las relaciones con sus compañeros/as les facilitará el camino y será parte importante en la consecución del éxito en la vida.
No obstante, este enfoque adaptativo en cuanto a la adolescencia puede resultar ser un argumento espinoso para aquellos padres lidiando con jóvenes conflictivos. Resulta más tranquilizador considerar estos conflictos como signos de un organismo que está aprendiendo a negociar con su entorno. Pero la selección natural nos lleva al filo de momentos peligrosos en el adolescente que podrían hacer pagar un caro peaje (drogas, alcohol, conducción temeraria, delincuencia).
A pesar de este panorama, los padres y adultos podemos ayudarles a evitar algunos de los peores peligros y que tengan comportamientos más adecuados y menos arriesgados.
Las últimas investigaciones muestran que cuando los padres se involucran y guían a sus hijos adolescentes con una supervisión ligera pero segura, manteniéndose al tanto pero permitiéndoles tener su independencia, los adolescentes funcionan mucho mejor.
De alguna manera el adolescente reconoce que sus padres le pueden ofrecer pequeñas gotas de sabiduría, no porque sean sus padres, sino porque provienen de su propia lucha aprendiendo cómo funciona el mundo, que alguna vez afrontaron los mismos problemas y puede que recuerden algunas pequeñas cosas que merezca la pena tener en cuenta.
Foto: Van for Kurt - National Geographic
Mientras tanto, en momentos de duda, recomendamos inspirarse en una última distinción del cerebro adolescente, la prolongada plasticidad de sus áreas que más tiempo llevan en desarrollarse y más tardan en madurar.
Como comentábamos antes, estas áreas son las últimas en recubrirse de mielina que mejora la velocidad de transmisión de la información. Es importante tener en cuenta que la velocidad se consigue a costa de la flexibilidad. Mientras el aumento de la capa de mielina acelera el ancho de banda de los axones, también inhibe el crecimiento de nuevas "ramas". Si estas nuevas conexiones no se generan, luego será muy difícil hacerlo. Por eso este período es crucial para el aprendizaje, el cableado se está actualizando a costa de una lentitud en el recubrimiento de mielina de los axones.
Esto explica ambas caras del comportamiento adolescente: torpeza y una notable capacidad de adaptación. "Si nos acabásemos de hacer antes, seríamos más tontos".


Fuente: National Geographic - David Dobbs "The new science of the teenage brain" (Oct. 2011)