martes, 15 de abril de 2014

Cerebro y Hormonas en la Adolescencia

Los hombres y las mujeres utilizan distintas áreas y circuitos cerebrales para almacenar y procesar la misma emoción. Cuando una emoción es muy intensa, las mujeres pueden recordar los detalles más pequeños de sus primeras citas y sus enfrentamientos mayores, mientras que los hombres apenas recuerdan que hayan sucedido esas cosas.
Los cerebros femenino y masculino procesan de diferentes maneras los estímulos, oír, ver, sentir y juzgar lo que otros están sintiendo. Las mujeres expresan mejor las emociones y recuerdan mejor los detalles de acontecimientos emocionales.
Los hombres, sin embargo, tienen dos veces y media más de espacio cerebral dedicado a aspectos relacionados con la acción y la agresividad, al igual que al impulso sexual y al miedo. Cuando una situación genera estrés y conflicto, se registra más profundamente en zonas del cerebro femenino, mientras que los hombres puede que lo olviden en un corto espacio de tiempo.
Con respecto al nivel de inteligencia, varones y mujeres tienen el mismo nivel promedio y, cuando llegan a la adolescencia, no hay diferencia en sus aptitudes matemáticas y científicas. Pero en cuanto el estrógeno inunda el cerebro femenino, las mujeres empiezan a concentrarse intensamente en sus emociones y en la comunicación: hablar por teléfono y citarse con sus amigas en la calle pasa a ser su prioridad número uno, pasando a un segundo plano el resto de actividades importantes que tienen que realizar. Al mismo tiempo, a medida que la testosterona invade el cerebro masculino (al igual que el estrógeno lo hizo en el femenino), los muchachos se vuelven menos comunicativos y se obsesionan por lograr hazañas a nivel físico. Ellas empiezan a perder interés en empeños que requieran trabajo en solitario y menos relaciones con los demás, mientras que ellos pueden fácilmente retirarse a solas a sus dormitorios para pasar horas delante del ordenador con su videojuego favorito.
Las niñas nacen interesadas en la expresión emocional, basándose en la mirada, el contacto físico y las reacciones de las personas con las que se relacionan. Los niños, sin embargo, prefieren investigar el entorno, tocar todo y ver cómo funcionan las cosas.
Las niñas pueden oír una gama más amplia de frecuencias y tonos de sonido de la voz humana que los niños, por eso están más atentas a cómo se ha hecho un comentario y detectar aspectos que los niños no son capaces de hacer con respecto a la comunicación. Los niños son mucho más hábiles en temas de orientación, se fijan en los caminos que recorren para llegar a un sitio, en los botones que hay en un coche y para qué funciona cada uno.
Los niños practican más los juegos físicos (de lucha, carreras, habilidades físicas) en los cuales haya vencedores y vencidos. Las niñas suelen preferir juegos de equipo, en los que todos participan, cooperativos, en los que suelen simular actividades similares a las de una familia o grupo social, de cuidado o actividades como la compra de artículos, etc. en las que pueden ir aprendiendo sus habilidades de relación con el grupo.
Las aptitudes sociales, verbales y la capacidad para relacionarse de las niñas se desarrollan años antes que las de los chicos y por ello, sus estilos de comunicación y formas de relacionarse son tan diferentes.
No obstante, el hecho de que las niñas tengan más aptitudes sociales, empatía e inteligencia emocional que los niños no significa que los cerebros de ellas no tengan los circuitos adecuados para lograr todo lo que se proponen ni que no se conviertan en unas tiranas con tal de conseguir sus propósitos. Su prioridad es proteger la relación y hará lo imposible para conseguir sus propósitos sin que por ello peligren sus relaciones y sufra el rechazo de ellas. Utilizará su mejor surtido de habilidades -el lenguaje- para obtener lo que quiere sin llegar al conflicto ni sacrificar la relación. Durante la adolescencia se intensificarán todos los rasgos establecidos durante la niñez: comunicación, relación social, deseo de aprobación y reconocimiento, captación de indicios acerca de qué pensar o sentir, etc. En esta etapa la joven se vuelve extremadamente comunicativa con sus amigas y forma unos grupos sociales muy bien entablados para sentirse segura y protegida. También se sentirá más poderosa, dotada siempre de la razón y ciega ante las consecuencias. La agresividad también puede que represente un importante papel en esta etapa.
Durante la pubertad, lo más importante en la vida de una adolescente es ser atractiva para los chicos. Desarrollará la parte de sí misma que más la convierte en mujer: su lucha por la comunicación, por formar lazos sociales y por cuidar de quienes tienen alrededor. Si los padres entienden estos cambios biológicos que suceden en los circuitos cerebrales de la adolescente, pueden apoyar la autoestima y el bienestar de su hija durante esos años turbulentos.
Durante esta época los circuitos específicamente femeninos se vuelven más sensibles a los matices emocionales, tales como la aprobación y desaprobación, la aceptación y el rechazo. Algunos días la confianza en sí misma es absoluta; otros pende de un precario hilo. Esto dependerá del ciclo en el que se encuentre. Áreas especialmente sensibles y afectadas por este aporte hormonal son la memoria y el aprendizaje, las emociones y el control de los órganos del cuerpo. Se agudiza el pensamiento crítico y se afina la capacidad de respuesta emocional.
A diferencia de las chicas que reaccionan más ante el estrés de las relaciones, los chicos reaccionan más ante los desafíos a su autoridad. Una adolescente necesita gustar y relacionarse socialmente, un chico necesita ser respetado y ocupar un lugar elevado en la jerarquía masculina.
"La madre de Shana se quejaba de que no podía lograr que su hija de quince años se concentrase en los estudios, ni siquiera en conversaciones acerca de la escuela, tampoco podía ni soñar con que se quedara en la mesa durante toda la cena, ni intentar mantener con ella la mínima conversación mientras estaba pendiente del próximo mensaje de su amiga a través del móvil. Sus notas no habían sido buenas y su comportamiento en la escuela dejaba mucho que desear. A raiz de esto le prohibieron quedar con sus amigas y le negaron el uso del ordenador y del móvil. La reacción de Shana al verse apartada de sus amigas fue tan extrema que al final tuvieron que ceder permitiéndole veinte minutos diarios de móvil para mantener la relación con sus amigas."
Existe una razón biológica para esta conducta: la adolescente, al establecer contacto por medio de la charla se activan los centros del placer en su cerebro femenino. Si se comparten secretos que tengan implicaciones románticas y sexuales, la activación es aún mayor. El placer que se obtiene es enorme debido a un grandioso flujo de dopamina y oxitocina, que constituye el mayor y más voluminoso deleite neurológico que se puede obtener, aparte de un orgasmo. La dopamina es la sustancia neuroquímica que estimula la motivación y los circuitos del placer en el cerebro. En la pubertad, el estrógeno aumenta la producción de dopamina y oxitocina en las adolescentes. La oxitocina es una neurohormona que dispara la intimidad y es disparada por ésta. Cuando el estrógeno se eleva, el cerebro de la muchacha es impulsado a fabricar todavía más oxitocina y reforzar sus lazos sociales. Es por eso que su avidez de intimidad sea muy elevada, la intimidad libera más oxitocina y se refuerza el deseo de conectarse; al hacerlo se obtiene una sensación de placer y bienestar. Este influjo de dopamina es comparable al que los adictos a la cocaína o la heroína obtienen cuando se drogan. Este impulso en pos de la intimidad y la relación y su posterior consecución tiene un efecto reductor del estrés. Esta necesidad de relacionarse le ayudará a atravesar cambios sociales estresantes.
Por otro lado, la mayoría de los chicos no comparte este deseo intenso de comunicación verbal y por eso los intentos de intimidad verbal con sus iguales varones pueden ser decepcionantes. Las chicas que esperan que sus amigos charlen con ellas de la misma forma en que lo hacen sus amigas, se llevarán una gran sorpresa. Las conversaciones telefónicas pueden mostrar penosos intervalos mientras ella espera que él diga algo. A menudo, lo más que la muchacha puede esperar es que se aun oyente atento. Quizá no se dé cuenta de que su amigo, simplemente, está aburrido y desea volver a su videojuego. El aporte de testosterona en el adolescente hace disminuir la conversación así como el interés por el trato social, excepto cuando implica deportes o seguimiento sexual.

Como conclusión, podemos decir que el hecho de comprender nuestra biología innata, nos permite planificar mejor nuestro futuro, mejorar nuestras relaciones y forma de comunicarnos y comprender el porqué hombres y mujeres nos comportamos de maneras tan distintas en momentos puntuales de nuestro desarrollo. También nos ayudará en el curso de los diferentes cambios que acontecen a lo largo de nuestra vida, y a efectuar ajustes en nuestro comportamiento que pueden ayudar a una mejor relación.
Artículo escrito por Kreadis con información de: Louann Brizendine - "El Cerebro Femenino"

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