domingo, 31 de agosto de 2014

Neurociencia del proceso creativo: Apuntes de actualidad





El éxito en el siglo XXI requiere de un conjunto de habilidades que sobrepasan los estándares curriculares y de formación impartidos actualmente a nivel académico y organizacional. Las cualificaciones necesarias para el éxito incluyen, por supuesto, las respuesta creativas y la capacidad para tomar decisiones complejas basados en el correcto análisis de la información.


Una encuesta mundial realizada por Adobe, encontró que el 80% de las personas sienten que la creatividad es un factor crucial para el crecimiento económico. A esto se sumaría el hecho de que los trabajos que parecen ser menos vulnerables a la automatización son aquellos que requieren de gran creatividad. Es decir, los trabajos más valiosos serán aquellos que no pueden ser desempeñados por ordenadores. Esto implica que mientras a nivel global, la creatividad puede ser fundamental para el crecimiento económico a largo plazo, a nivel individual, en los años venideros, la creatividad se convertirá también en algo fundamental para la supervivencia económica a largo plazo.

En lo que respecta al contexto educativo, muchos (desde Sir Ken Robinson hasta la Sociedad para habilidades del siglo XXI), han identificado la creatividad como una de las habilidades más críticas o (en el caso de Robinson) la habilidad más importante que necesitan nuestros niños para sobresalir en este siglo.

Dada la creciente compresión del papel crítico que juega el proceso creativo de cara a los retos del siglo XXI, la investigación neurocientífica al respecto ha proliferado, intentando comprender qué es lo que sucede en el cerebro durante el proceso creativo.

La mayor parte de las conclusiones que han arrojado este tipo de estudios, han dado un vuelco a las nociones simplistas y convencionales que se han tenido hasta el momento en cuanto a la neurociencia de la creatividad.

Para empezar, mientras que solíamos creer que la creatividad era el acto de hacer o producir algo a partir de la nada, ahora sabemos que la creatividad es casi siempre recombinatoria. Es lo que ocurre cuando nueva información tropieza con viejos pensamientos para dar a lugar algo totalmente nuevo. Por lo tanto, si queremos aumentar nuestra creatividad, tenemos que trabajar tres componentes fundamentales: el acceso a la nueva información, el reconocimiento de patrones (para que las ideas puedan conectarse entre sí), y el acceso a una gran base de datos de vieja información (para que ideas dispares puedan unirse y conectarse en formas novedosas).

En este punto es donde los estados de flujo entran en acción, es decir, el flujo creativo. Los investigadores saben desde hace tiempo que el flujo tiene un impacto directo y significativo sobre la creatividad. Estamos empezando a entender cómo el flujo hace esta magia: se vale de la neuroquímica (entre otras cosas) para impulsar cada estado del proceso creativo.

En estado de flujo –flujo creativo-, el cerebro libera un grupo de neuroquímicos, incluyendo la norepinefrina, dopamina y la anandamida. Tanto la norepinefrina como la dopamina son químicos que amplifican la capacidad para enfocarse (por lo que prestamos más atención al momento presente y por tanto notamos más la novedad). Hay cada vez más evidencia que muestra que la dopamina y la norepinefrina también disminuyen la señal de ruido en el cerebro, lo cual es una forma elegante de decir que estas incrementan el reconocimiento de patrones, es decir, incrementan nuestra habilidad para conectar ideas. Además de esto, la anandamida estimula el pensamiento lateral, que es la habilidad del cerebro para acceder a información extensa o remota y conectarla entre sí. En otras palabras, los neuroquímicos responsables del estado de flujo rodean y amplifican cada paso en el proceso creativo.

A pesar de conocer la importancia del estado de flujo en el proceso creativo, los esfuerzos para valernos de estos conocimientos en las estrategias de enseñanza y formativas son escasos. Hoy en día, solo una de cada cuatro personas cree que están aprovechando su potencial creativo, y tres de cuatro personas dicen que a pesar de que se intenta cultivar el pensamiento reflexivo e innovador, en lo que respecta a sus puestos de trabajo, son presionados para ser más productivos, no más creativos.

Por otra parte, hallazgos recientes en cuanto a la neurociencia de la creatividad sugieren que la distinción entre cerebro izquierdo/derecho no refleja el panorama completo de cómo la creatividad se ejecuta en el cerebro. La creatividad no involucra una sola región cerebral o un solo lado del cerebro. En su lugar, todo el proceso creativo –desde la preparación, hasta la incubación, la fase de “iluminación”, y la de verificación- se compone de muchos procesos cognitivos que interactúan (tanto consciente como inconscientemente) y de emociones. Dependiendo de la etapa del proceso creativo, y de aquello que estamos intentando crear, diferentes regiones del cerebro son llamadas a realizar la tarea.

Más importante aún, muchas de estas regiones cerebrales funcionan como un equipo orientadas a llevar a cabo el trabajo, y muchas requieren de la participación de estructuras de ambos lados del cerebro. La investigación en años recientes sugiere que la cognición es resultado de las interacciones dinámicas de áreas cerebrales distribuidas que operan en redes a larga escala. Dependiendo de la tarea a realizar, diferentes redes cerebrales entrarán en acción.

La clave para entender la neurociencia de la creatividad, yace no solo en el conocimiento de las redes a gran escala, sino en el reconocimiento de que los diferentes patrones de activación y desactivación neuronal son importantes en diferentes etapas del proceso creativo.
En una investigación reciente, Rex Jung y colaboradores, proporcionan una primera aproximación en cuanto a cómo la cognición creativa crea un mapa en el cerebro humano. La revisión apunta a que cuando queremos “desatar” asociaciones, permitir que nuestra mente vague libremente, imaginar nuevas posibilidades y silenciar la crítica interna, es bueno reducir la activación de la red de atención ejecutiva (pero solo un poco, no por completo, ya que algunas veces es importante traer de vuelta al panorama a la red de atención ejecutiva y evaluar e implementar críticamente las ideas creativas) y aumentar la activación de las redes de imaginación. En este sentido, investigaciones recientes con músicos de jazz y raperos que llevan a cabo improvisaciones, sugiere que eso es precisamente lo que sucede en el cerebro mientras se encuentra en un estado de flujo.

Aunque la investigación neurocientífica en cuanto al proceso creativo ha avanzado notablemente, muchísima más investigación es necesaria para explorar cómo se ejecuta éste en el cerebro, y continuar así desechando nociones anticuadas en cuanto a cómo funciona la creatividad. Aún más, nos queda mucho camino por recorrer en cuanto a la forma en la que hemos de implementar los nuevos datos arrojados por la investigación del proceso creativo en la forma en la que entrenamos a niños, adolescentes y adultos en sus diversos contextos, de manera que dicho entrenamiento impulse el flujo creativo y seamos realmente capaces de enfrentar los retos que el mundo actual nos exige, empezando por entrenar esta importante habilidad.


Compendio realizado por Kreadis con información de: StevenKotler en Forbes, Judy Willis en Edutopia, y Scott Barry Kaufman en Scientificamerican.